El punto de partida es justo aquel en el que el final de tus objetivos se convierten en principio, es justo donde confluyen los sentidos, el equilibrio inequívoco de la levedad del ser que te va regalando infinidad de sensaciones que sugieren con mucha fuerza el hecho de estar vivo, la búsqueda infructuosa de uno mismo. La gente, el ruido, el aplauso, las esperas, los aviones y los duendes verdes de cada uno.
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